Rosa María Artal ⎮El Diario ⎮06/01/2014
Sé que no es normal salir del periodo
navideño más largo del mundo civilizado, de tres semanas completas de
amor y paz, pensando en guillotinas pero es que cada cambio de cifra en
el calendario suele dar por hacer balances y proyectos y, a veces, se
cruzan curiosas imágenes.
Las lecturas de tiempo libre y las
reuniones familiares también abren muchos horizontes.
Y así, un erudito
de toda solvencia te cuenta que la Revolución Francesa apenas pasó por
la cuchilla a 15.000 personas. Siempre pensé que habían sido muchas más.
Ni siquiera fueron todos miembros de la nobleza –que igual ni había
tantos, esta gente siempre presenta un número muy inferior a aquellos de
los que se aprovechan–. Mucho burgués cómplice entró en el saco de lo
que Javier Krahe llama el método chic francés: “la cabeza que cae en el
cesto, ojos y lengua de través”. Nadie es partidario de la violencia,
claro que no, pero esas 15.000 cabezas encestadas cambiaron la historia
de la humanidad. Cierto que, aterrados por la libertad, los franceses
llamaron inmediatamente nada menos que a Napoleón, pero la impronta
de la revolución marcaría por siglos el devenir de la sociedad. Nada
volvió a ser lo mismo. Hasta ahora.
La Inquisición española se volcó
–absolutamente– en involucionar el curso de la historia y fue más
partidaria de la hoguera.
Los guardianes de la fe católica se tiraron
tres siglos y medio purificando con ardiente fuego las almas –y, lo que
es mucho peor, los cuerpos– de los herejes y asimilados. Preferían
añadir la tortura previa al tajo rápido y limpio que ofrece, sin ir más
lejos, la guillotina y esto ya es tener muy mala idea. Las cifras más
críticas hablan de como poco 31.000 abrasados vivos en nombre del dios
que se atribuyen los ultras patrios y de otros 17.000 que ya entonces se
fueron por pies del país con enorme prudencia. Se dirá que tampoco son
tantos para tanto tiempo pero es que el grueso de los ajusticiamientos
se produjo en la primera etapa, cuando andaban por allí los impulsores
de la norma: los Reyes Católicos. A la sazón, el emblema y guía de la
derecha española que, desde entonces al menos, no ha conocido otra cosa
que la impunidad para sus tropelías.
Al progresismo, al solo hecho de pensar o
buscar cierta ética en la vida social, lo purgan de continuo.
Escasean,
en cambio, las llamadas de atención –más o menos expeditivas– a las
élites que se aprovechan del conjunto de la población para lucrarse y
vivir como en el Versalles prerrevolucionario. Ahora que, cuando la ira
estalla, suele hacerlo sin freno. Muchos años sin engrasar las
guillotinas las desajustan.
Encaramos un año nuevo, 2014 –estrenado
entre lluvias, nubes grises, temporales y frío para no llamar a engaño–,
alicaídos por la herencia de dos años de gestión de Rajoy y por la dura
travesía que queda por recorrer –dado que, a pesar de los graves
escándalos que jalonan a este partido, siguen como si nada ocurriera–.
Disfrazados los datos que extienden el empleo precario o el aumento
descomunal de la deuda por una prensa oficial entregada o cautiva, de
donde parece emanar todo el optimismo. Sonroja leerles en sus patéticas
alabanzas al Gobierno y sus consignas. Mientras tanto, el medioevo
revive en las desigualdades sociales que se acrecientan. En actitudes
vitales.
Reverdece pujante la derecha más zafia, rancia, inculta y desvergonzada con su escopeta nacional al hombro. El Gobierno –según El País– prepara cerrar el monte público cuando haya cacerías.
Cuando los señoritos quieran pegar tiros y matar animales, hacer
negocios o realizar todo arte de montería, el populacho no debe
molestarles. Lo primero es lo primero, como dios manda.
Una derecha cavernaria que no deja de
trabajar en sus objetivos. Los cerebros de nuestros niños van a ser
pasados por la ley Wert para –como nos cuenta eldiario.es– interiorizar qué son de verdad los valores éticos:
amar a las Fuerzas Armadas y reprobar la objeción de conciencia o la
desobediencia civil, porque lo fetén es la legalidad que marca el
rodillo de esta derecha. Si vas camino de la herejía por no querer
estudiar religión católica, habrás de engullir que los avances
científicos y tecnológicos –como, por ejemplo, el uso de células madre–
están en entredicho (para la autoridad competente, para el
nacionalcatolicismo) porque acarrean –dicen, incluso en libros de texto–
“problemas” morales y éticos. Torquemada y sus huestes no lo hubieran
expresado mejor. Estamos rodeados, cautivos y desarmados.
Sólo fueron 15.000 víctimas –siempre
lamentables– en Francia las que trajeron una nueva era en las relaciones
de poder social. Pobrecillos. Los renglones torcidos del hartazgo.
Presentes de forma indeleble como hito, sin embargo. 2014 no puede ser
una continuación agravada del mal que nos aqueja. Cualquier momento es
bueno para pararse o darse la vuelta antes que seguir arrastrados por
esta inercia letal. Esta situación irritante trae malas ideas –simples
figuras mentales, por supuesto–, incluso en personas de natural serenas y
apacibles, decididamente pacíficas. Porque mira que pensar en
guillotinas después de los dulces días navideños que hemos vivido y de
las esperanzadoras noticias que nos cuentan políticos y medios
influyentes.
Fuente: http://www.eldiario.es/zonacritica/revolucion-francesa-apenas-guillotino-personas_6_215288472.html

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