¿Y el programa? No, el programa es estratégico y por ello pertenece a la matriz de la empresa. Quien dice una empresa dice 35.
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Publicado el 24 abr. 2015
Ana Pastor deja en evidencia a Albert Rivera al preguntarle sobre Jordi Cañas
C´s no es un partido, es un stakeholder
Primero, para los más distraídos, decir
que un stakeholder es un eufemismo utilizado por la fraseología de la
empresa para enmascarar el interés que la empresa tiene en sí misma y
solo en sí misma. Un stakeholder es alguien ajeno a la empresa pero que
comparte los mismos intereses. El espíritu del stakehoder nace de la
iniciativa de la empresa para compensar su mala imagen, advertida de que
la actitud egoísta ya no se lleva, que pensar exclusivamente en uno
mismo y actuar de manera marcadamente contraria a los intereses del
resto de los actores sociales va contra el viento democratizador de las
sociedades occidentales.
Que la actitud soberbia tradicional es poco
elegante y hasta dañina para el objetivo final, dadas las rendijas que
las sociedades modernas y los medios de comunicación abren incluso en
las cajas negras que de hecho son las empresas (cuanto más grandes, más
negras por cierto).
En ese contexto de niño malo que se
siente pillado cometiendo fechorías, como el mismo niño malo, la
“ciencia” de la empresa inventa un historia exculpatoria en la que va
dando distintos nombres ficticios y funciones verosímiles a las
maniobras de la empresa para que no parezca que en realidad todas ellas
son falsas, que la empresa no tiene sino un único objetivo que es hacer
dinero por lo civil o lo penal, y si acaso distraer de la auténtica
realidad que en común tienen el niño malo y la empresa irresponsable: O
juego o me llevo el balón.
Como digo, en esta maniobra disuasoria,
el management inventa la responsabilidad social corporativa, la función
de la calidad, el control del impacto medioambiental… todo ello para,
haciendo lo que conviene a los accionistas y ejecutivos, poder fabular
respecto de su respeto por el medioambiente, la durabilidad de sus
productos, la sostenibilidad, etc. Mentiras encubridoras. Pero hay
otras esferas en las que la empresa interviene o quiere intervenir, en
la que no tiene elementos narrativos para generar una ficción o fabula
que le permita hacer lo que le interesa, pero que no lo parezca.
El
juego político es un claro ejemplo. Existe desde luego la posibilidad de
la corrupción, pero es muy negativa (si te pillan), en cambio las
donaciones a fundaciones interpuestas no. Contratar a un político en
activo no es viable, pero abrirle una puerta giratoria o calentarle un
sillón en el consejo de administración sí es razonable.
Así es que la empresa descubre que es
posible identificar un conjunto de actores que nada tienen que ver con
la empresa pero que pueden servir perfectamente a los intereses de la
misma. Ante un problema logístico o de implantación, la empresa puede
optar por la coacción a las autoridades locales chantajeando con los
potenciales puestos de trabajo o convertirle en un stakeholder receptor
de los beneficios indirectos para la comarca. Una empresa puede acaparar
el consumo del agua de un territorio y convertir a la universidad más
próxima en un stakeholder que se implique en el desarrollo de
estrategias de I+D relacionadas con el agua que jamás pongan en duda la
utilización insostenible de la misma.
Y así sucesivamente. Se identifica
a un stakeholder para cada necesidad derivada de la voracidad de la
empresa y declarando el interés común, se impone el de la empresa al del
espacio anteriormente ocupado por el actor, ahora renombrado
stakeholder de la empresa, sujeto de trato preferente.
Para ello, como hemos dicho, se cuenta
con lo que hay ¿Y si no hay actor relevante al que convertir en
stakehoder? Pues se inventa uno o se crea ad hoc. Eso es Ciudadanos, un
partido stakeholder nacido para que intervenga en el campo de la
acción política devastado por un stake anterior que no supo cumplir su
cometido de manera eficiente. Queda pues despedido, relegado de la
función y se nombra un nuevo que atienda todo lo relacionado con la
acción de la empresa. No está en nómina ni conectado por dependencia
jerárquica directa, solo está obligado a acometer servicios especiales
para favorecer los intereses de la empresa, pues desde que ha sido
designado stakeholder, comparte los mismos.
A cambio se obtienen beneficios
particulares. Así si el partido-stake no tiene organización, se le
compra una, si no dispone de comunicación, no importa le adherimos una
buena campaña de marketing incluida la fidelidad de algún medio del
País, si el discurso es escaso, lo optimizamos con recursos técnicos
venidos de donde sea, la LSE si es necesario, la afiliación se puede
compensar con la mediación de empresas de trabajo temporal…
¿Y el programa? No, el programa es estratégico y por ello pertenece a la matriz de la empresa. Quien dice una empresa dice 35.


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