Estimado y respetado Joan: No negaré la simpatía que me
inspiras, no ya por las afinidades políticas que nos une, aunque no
soy votante del partido al que representas, sino sobre todo por tu
talante educado, afable, conciliador y tu manifiesto sentido común
basado en la lógica y la racionalidad, unos atributos que
desgraciadamente son difíciles de encontrar en la clase política.
Te escribo esta breve carta en primer lugar para felicitarte por tus
sensatas intervenciones en el Parlamento previas a la votación de la
investidura de Pedro Sánchez, pero sobre todo para
manifestarte y hacer público mi desprecio por las risas descalificadoras
que sonaron en las bancadas de la derecha cuando anunciaste tu
condición de maestro de escuela al censurar a los parlamentarios
conservadores por su «falta de educación y clasicismo».
¿De que
se estarán riendo estos clasistas descerebrados?, me pregunté cuando
reclamabas educación desde la tribuna apoyándote en tu experiencia
docente.
Joan Baldoví / Debate de Investidura/ 07 de enero de 2020
Declaraciones del diputado de Compromís, Joan Baldoví, quien se ha
dirigido al líder de Vox, Santiago Abascal, para preguntarle si "cuando
cobraba 83.000 euros de un chiringuito" de la Comunidad de Madrid "por
no hacer nada lo hacía por Dios, por España o por el rey".
Asimismo, ha
reprochado a la derecha "su mala educación".
*
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Estoy completamente de acuerdo contigo en la falta de educación que enfanga las sesiones parlamentarias. Tengo aun fresca en la retina y en la memoria la imagen de los hooligans de la derechona cuando el segundo día de la sesión de investidura se pusieron a berrerar golpeando sus mesas y profiriendo gritos de 'asesinos'
Me enervó la respuesta de desdén que recibiste tras decir que eras
maestro de escuela y también profesor de educación física, un
menosprecio plasmado en risas dirigidas a infravalorar tu noble origen
laboral. Una hilaridad grosera que no venía a cuento y sólo confirmaban
la mezquindad y la mala educación de los destinatarios de tu
recriminación.
Risas fatuas, fachendosas y, permíteme el juego de
palabras, fachosas hasta la médula, que rezumaban un orgullo de casta de
esos que se maman desde la infancia por quienes se creen superiores al
resto de los mortales sólo porque una pátina de fatuidad impregna sus
genes.
Pero también una risas que -ellos lo ignoraban- ponían de manifiesto
su envidia a un ser humano mentalmente sano, decente y normal como tú.
Tan normal como pueda serlo el taxista que les lleva a casa después de
una cena, el camarero que les pone el cortado cada mañana en el bar o el
portero que les saluda cuando entran y salen del edificio en donde
viven.
Gente normal a la que en el fondo ignoran cuando no desprecian.
Unas risas que -insisto, ellos lo ignoraban- no reflejaban más que
frustración y una ruin y corrosiva envidia al comprobar que el político
mejor valorado en todas las encuestas de este país que ellos consideran
de su propiedad en patriótica exclusiva, no era uno de los suyos ni
ellos serán jamás como él.
Estoy completamente de acuerdo contigo en la falta de educación que
enfanga las sesiones parlamentarias.
Tengo aun fresca en la retina y en
la memoria la imagen de los hooligans de la derechona cuando el
segundo día de la sesión de investidura se pusieron a berrerar
golpeando sus mesas y profiriendo gritos de «asesinos», «viva el rey» y «viva España»
durante la intervención de la diputada Aizpuru por mucho que esté -y lo
estoy- en las antípodas ideológicas de esta parlamentaria.
Mucho trabajo le espera a Meritxell Batet en esta XIV legislatura si la Coalición del Apocalipsis de
la oposición de la derecha sigue en su línea de crispación, motivo por
el cual creo que debería endurecer su actuación como Presidenta del
Congreso.
Se impone adoptar medidas enérgicas como cierres de micrófono
y expulsiones de la Cámara hasta que se implante una disciplina
efectiva. Como dijo Gabriel Rufián, portavoz de ERC, «lo
más suave que le han dicho a Mertxe Aizpurua es asesina. Tienen barra
libre, y a mi me echaron de este Congreso por mucho menos».
En fin Joan, no me extenderé más de lo necesario, pues sólo quería
manifestarte mi apoyo moral, y creo que lo he hecho con la suficiente
brevedad y concisión.
Mencionaré como colofón un vídeo que has colgado
en las redes sociales donde reivindicas la figura del maestro de escuela
pública y censuras el «tufillo clasista» de la derecha al preguntarte su «hubiesen dicho lo mismo si hubiera dicho que soy banquero o representante de una gran multinacional».
Añadiré únicamente que no me consta que nadie en el parlamento sueco se haya reído nunca de Kjell Stefan Löfven
porque fuera soldador de profesión antes de dedicarse de pleno a la
política, convertirse en presidente del Partido Socialdemócrata Sueco y
ser actualmente Primer Ministro de Suecia.
Un abrazo Joan, y que les den.


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