Una vez más, como ya ocurrió durante los 40 años de franquismo, los obispos asumen los planteamientos de la extrema derecha
La Iglesia católica española también está virando a la derecha. Son los signos de los tiempos que corren.
Atrás quedan aquellos años del Concilio Vaticano II,
cuando la jerarquía eclesiástica se bajó de los altares para
humanizarse, adaptarse a los nuevos tiempos y abrirse al mundo.
Fue una
auténtica revolución que sacó el oscuro latín medieval de los púlpitos y
trató de acercar a Dios al ser humano.
El Concilio
abordó todos los asuntos pendientes desde una perspectiva más práctica
que teológica, como la carrera de armamentos, la lucha por la paz, el
final de la pobreza en el Tercer Mundo y el respeto por
los derechos humanos.
Roma estrechó lazos de amistad con las demás
religiones y concluyó que todos los hombres y mujeres de la Tierra
tienen derecho a la paz, el gozo del amor y la libertad. ¿Qué queda hoy
de todo aquel aperturismo y de aquella vuelta a la espiritualidad
fraternal por encima del dogma y la imposición de la fe? Más bien poco,
por no decir nada.
Hoy podemos asegurar que el Concilio Vaticano II ha quedado en la
gran utopía irrealizable de una confesión religiosa que por efecto de
las teorías políticas reaccionarias predominantes en el mundo se ha
vuelto a bunkerizar, retornando al medievo y a ideas más propias de la Inquisición
que del siglo XXI.
En ese contexto de retroceso de la Iglesia católica
–en parte por el miedo a perder el poder de influencia y los privilegios
que ha ostentado durante más de dos mil años–, la Conferencia Episcopal Española (CEE)
ha propuesto un curso de 2 a 3 años para formar a los novios de cara al
matrimonio, al considerar que las veinte horas de cursillos
prematrimoniales que ofrecía hasta hoy, como paso previo a la boda, no
eran suficientes.
De esta manera, la Iglesia pretende luchar contra una cifra
demoledora: a los 5 años de matrimonio el 40% de las parejas ya se ha
separado. “Una formación matrimonial no se puede hacer en 20 horas. Para
ser sacerdote hacen falta 7 años de seminario y para ser esposo,
esposa, padre y madre… ¿20 horas?”, se preguntan en la Conferencia
Episcopal.
La guía editada por la CEE, titulada Juntos en camino, +Q2,
se compone de 12 temas en los que se abordan asuntos como la
sexualidad, las relaciones prematrimoniales, la fidelidad o la
resolución de conflictos de pareja. Todo, por supuesto, desde la óptica
más caduca, rancia y trasnochada, desde un enfoque de 1820 aplicado a
2020.
El manual impone deberes a los novios como, por ejemplo, ir juntos
a misa una vez al mes o participar en eventos familiares. También les
aconsejan que se mantengan “castos” y puros −es decir solteros y enteros
hasta después de la boda, ya que Dios “se opone” a este tipo de
relaciones−, así como que rechacen el “pansexualismo” y en general el placer de la sexualidad.
Por descontado, la masturbación
supone una serie “amenaza” para los matrimonios. Ya no dicen que quien
la practica vaya a quedarse ciego o calvo, como aseguraban los obispos
franquistas desde sus púlpitos en aquellos viscerales y exaltados
sermones dominicales. Pero sigue siendo pecado, cuando no “un acto
intrínseca y gravemente desordenado”.
En resumen, todo el catálogo de recomendaciones es una lección de
puritanismo hipócrita, de mojigatería y de consejos irrealizables en una
sociedad moderna y avanzada donde la gente busca el amor, el disfrute y
la felicidad, algo legítimo para cualquier ser humano.
Eso sí, cuando
llega la hora de abordar la violencia machista, sus
eminencias se limitan a señalar que “el amor es absolutamente contrario a
esta violencia execrable” y advierte sobre el peligro de los celos,
pero sin aportar soluciones prácticas para combatirla.
Y ahí es donde
llegamos a lo más grave de la guía para futuros matrimonios cristianos: su propuesta es claramente machista.
“El varón, los días que quiera tener relaciones sexuales, deberá hacer
un esfuerzo mayor y asumir ciertas tareas (por ejemplo, llevar a los
hijos por la tarde al parque o pasear un par de horas para que la mujer
pueda dormir la siesta) y la mujer deberá liberarse de ciertas cargas de
trabajo y descansar para encontrarse ambos preparados para el encuentro
sexual cuando llegue el momento”, asegura el texto, marcando una
intolerable y absurda diferenciación entre la sexualidad masculina y
femenina y dejando entrever un cierto papel sometido y procreador de la
mujer.
El surrealista documento totalmente alejado de la realidad social que
viven millones de españoles solo puede explicarse desde la
derechización y la ofensiva nacionalcatolicista que parece haber
emprendido cierto sector de la jerarquía eclesiástica española.
Las
terapias católicas para curar su “desviación” a los homosexuales, los manuales para mujeres al estilo “cásate y sé sumisa”, el silencio de los púlpitos ante las mentiras de Vox
sobre la violencia machista, el encubrimiento de la pederastia en la
Iglesia, el injusto patriarcado que gobierna en la institución y ahora
este panfleto de sexólogo malo y sin carné nos hacen temer una
inquietante involución en el seno de la Iglesia.
Los obispos aún llevan clavada la espina de la ley del divorcio, aprobada el 22 de junio de 1981 en el Pleno del Congreso de los Diputados
con 162 votos a favor frente a 128 en contra y 7 en blanco.
Aquella
histórica legislación, que venía a romper definitivamente con el
nacionalcatolicismo franquista, contó con la dura oposición de la curia
católica y de los sectores más conservadores de la sociedad, incluso de
buena parte del ala democristiana de la UCD −partido entonces en el Gobierno que presidía Adolfo Suárez−, que llegó a pedir la dimisión del ministro de Justicia, Francisco Fernández Ordóñez, autor de la ley.
Hoy la Iglesia pretende recuperar aquella cruzada perdida de la Transición y otras posteriores en las que también salió derrotada, como la que entabló a raíz de la promulgación de la ley del aborto,
una gran conquista del movimiento feminista.
El auge de una
ultraderecha sin complejos es un viento de cola perfecto que proporciona
aire a los núcleos más reaccionarios de la Plana Mayor obispal, siempre
empeñados en recuperar principios y dogmas de hace siglos.
La guía para
novios cristianos no puede más que terminar en un nuevo fracaso de los
obispos.
No servirá para evitar los divorcios ni para conseguir que
después de dos milenios de férreo adoctrinamiento religioso el
matrimonio entre un hombre y una mujer sea indisoluble y para toda la
vida.
La gente se separa porque el amor puede ser eterno pero también
algo efímero y ese hecho natural, bioquímico y consustancial al ser
humano todavía no ha sido asumido por la cúpula vaticana, que tampoco
acepta cuestiones tan de sentido común como que la mujer tiene derecho a
ser investida sacerdote o que el condón evita enfermedades, epidemias y
muertos.
Y es que la Iglesia sigue hablando para ángeles o marcianos.
No para personas de carne y hueso.
https://diario16.com/el-discurso-medieval-de-la-ultraderec…/


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