Ni el rey, ni la cúpula del Ejército, ni los representantes políticos
invitados han desautorizado la apología del golpismo lanzada por
representantes de Vox, tanto civiles como militares, en los últimos días
Tras la algarada cuartelera montada ayer por las tres derechas en el Congreso de los Diputados, hoy tocaba el día solemne de la Pascua Militar.
A nadie se le escapa que en los últimos meses el ambiente en los
cuarteles es de cierta tensión ante la situación política que vive el
país, y esa etapa enrarecida se respiraba hoy en la recepción oficial.
El rey Felipe VI ha recordado el compromiso de las Fuerzas Armadas con España y la Constitución,
alabando los valores militares de “profesionalidad, sentido del deber y
del honor” que demuestran la “constante y generosa entrega al servicio
del pueblo español”.
Las palabras del monarca ensalzando el orden constitucional llegan en un momento especialmente sensible para el Ejército, justo cuando algunos de sus altos mandos han mostrado su malestar por la crisis de Cataluña y sus simpatías por Vox, el partido que representa la nostalgia del franquismo.
Ahí están las recientes declaraciones del general retirado Fulgencio Coll, jefe del Ejército de Tierra entre 2008 y 2012 y actual portavoz del partido de Santiago Abascal en el Ayuntamiento de Palma de Mallorca, quien cree que Pedro Sánchez
es “un problema para la seguridad nacional” y que “los poderes del
Estado no deben permitir” que el presidente del Gobierno en funciones
“ponga impunemente en peligro la legitimidad institucional” o negocie
con otras fuerzas políticas para quebrar el orden constitucional.
El ex
mando militar ha llegado incluso a plantear que se debería estudiar el
procesamiento del líder socialista por sus negociaciones con Esquerra Republicana de Catalunya.

Pero no ha quedado ahí la cosa. El eurodiputado de Vox Hermann Tertsch
puso de manifiesto hace unos días, en redes sociales, la “necesidad” de
la intervención de las Fuerzas Armadas para interrumpir el “obvio
proceso golpista de voladura de España como nación”.
“En estos días
parece que todos los cómplices de Zapatero, desde el etarra Otegi a los comunistas Iglesias y Garzón
se esfuerzan por hacer inevitable la aplicación del artículo 8 para que
las Fuerzas Armadas interrumpan un obvio proceso golpista”, según una información que publicó el diario El Plural.
Desde aquellos primeros años de la Transición,
cuando el ruido de sables era especialmente intenso, el franquismo
sociológico no se había mostrado tan explícito y liberado de complejos a
la hora de hablar de una hipotética intervención militar para frenar la
supuesta “ruptura de España”. Hoy, entre los asistentes a la Pascua
Militar, estaban Pedro Sánchez; los ministros de Defensa y de Interior, Margarita Robles y Fernando Grande-Marlaska;
y la cúpula militar.
Ninguno de ellos, quizá por precaución ante la
decisiva jornada de investidura de mañana, ha dicho ni media palabra
sobre las amenazas golpistas que se han sucedido en los últimos días y
que ayer volvieron a aflorar entre los diputados más “cafeteros” del PP
y Vox.
El rabioso pataleo, los puñetazos contra el escaño, los insultos
al presidente Sánchez y a los diputados de izquierdas y los gritos
marciales de “Viva España, viva el rey”, helaron la
sangre a todo aquel que se siente demócrata.
El espectáculo fue
denigrante y bochornoso para el parlamentarismo nacional y la
democracia, pero precisamente para eso ha llegado la ultraderecha, para
enterrar lo que ellos llaman “consenso progre” (en realidad se refieren
al sistema democrático) y para señalar con el dedo y apuntar en la lista
negra a todo aquel sospechoso de rojo separatista.

Hoy, en tono bastante más calmado y tolerante que aquellos que dicen
defenderlo con tanto entusiasmo y ahínco, el rey ha dicho: “Las Fuerzas
Armadas y la Guardia Civil sois hoy reflejo de una sociedad moderna,
capaz y solidaria que, además, sabe reconocer y agradecer siempre
vuestro compromiso con el interés general de nuestra nación. Un
compromiso que demostráis con vuestra profesionalidad, sentido del deber
y del honor, que acreditáis con vuestra lealtad y vuestra constante y
generosa entrega al servicio del pueblo español”.
Es cierto que el Ejército de hoy ya no tiene nada que ver, por
fortuna, con el de 1975, pero corren peligrosos vientos del pasado que
deben alertar y poner en guardia a las fuerzas democráticas de este
país. Las palabras solemnes como “patria”, “lealtad institucional” y
“compromiso” han estado presentes en todo momento durante el acto
castrense, pero ningún responsable militar, ni político o civil, ni
tampoco el rey, ha tenido la valentía de recordar que la soberanía
nacional reside en el pueblo español y se manifiesta en las urnas. De
ninguna manera el Ejército debería ser garante ni tutor de nada.
Ya lo
fue en 1936 y así nos fue, por lo que deberíamos aprender la lección de
la historia. De forma ciertamente sonrojante para una democracia
avanzada, nadie presente en ese acto ha condenado las amenazas a las
libertades públicas que desde la ultraderecha se han lanzado sin pudor
estos días. Y el silencio cómplice en este asunto resulta intolerable.
Porque si dejamos que los nostálgicos del pronunciamiento decimonónico y
del golpismo fascista puedan desahogar a placer sus impulsos e
instintos más bajos, sin que nadie, ni siquiera la Fiscalía, les pida
cuentas por ello, podremos empezar a decir que España ha vuelto a las
andadas.
Tras la algarada cuartelera montada ayer por las tres derechas en el Congreso de los Diputados, hoy tocaba el día de la Pascua Militar. A nadie se le


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