CINISMO EMPRESARIAL
Jari Jones, la contracara de las mujeres explotadas por Calvin Klein
Este
sábado 27, en Nueva York apareció un anuncio enorme de Calvin Klein con
la imagen de Jari Jones, una mujer trans, lesbiana, activista y negra,
la intención de la empresa por aparecer como “amiga” del movimiento
negro y de la diversidad sexual, contrasta drásticamente con las
fábricas en los países pobres donde millones de mujeres laboran en
condiciones de semiesclavitud.
El enorme espectacular que apareció en las calles de la ciudad
estadunidense, forman parte de la campaña “Proud of my Calvins”
(Orgullosa de mis Calvins), que Calvin Klein sacó este fin de semana con
motivo del día del orgullo, que se celebra en conmemoración de la
revuelta de Stonewall.
No han faltado los comentarios retrógradas y tranfóbicos en redes
sociales, atacando su físico, llamando a Jari “hombre biológico” o
diciendo que esta publicidad pretende implantar la “ideología de
género”. Pero también han habido diversos comentarios que celebraban la
decisión de Calvin Klein de elegir a una modela que rompe los parámetros
de la belleza femenina.
De entre los comentarios en twitter que generaron mayor polémica,
está el de la cantante venezolana Kiara, que dijo que la nueva imagen de
Calvin Klein le parecía “espantosa”, ante los cuestionamientos que
tacharon su twitt de transfóbico, la cantante aclaró que no se trataba
de fuera una mujer trans, sino que le parecía “fea”.
Y es que hay múltiples razones por las cuales Jari Jones hace que las
y los defensores de la estética heteropatriarcal -que no sólo responde a
si las modelos son cis o trans, si no a si cumplen con la lista de
cualidades que conforman a una mujer “bella”- se retuercen con esta
imagen.
Si no les molesta su color de piel, lo que les molesta es que no
sea una “mujer biológica” y si no es ninguna de esas dos, entonces lo
que es un terrible insulto para sus ojos, es que está pasada de peso o
simplemente que “está fea”.
La industria del modelaje ha sido criticada desde hace décadas por
enaltecer una figura de lo femenino que se ajusta únicamente a aquellas
mujeres blancas, con narices respingadas, delgadas y heterosexuales,
estereotipo con el que la gran mayoría de mujeres no encajamos.
Las
empresas de ropa, cosméticos y demás productos que se venden en el
“mercado femenino”, utilizan como herramienta de marketing a modelos que
cumplen con estas características.
Con el paso del tiempo los estándares de belleza han ido cambiando,
pues las empresas de modelaje han tenido que adaptarse a un espíritu de
época que cada vez cuestiona más profundamente los estereotipos de
género.
Winnie Harlow, Madeline Stuart, Candice Huffine y Carmen Dell
son algunas de las modelos que en los últimos años han aparecido como
símbolos de una belleza que escapa de lo reglamentario.
Aparentando que
ciertos cuerpos son aceptados por la sociedad, reforzando la idea de la
individualidad, mientras millones siguen viviendo opresiones por género,
raza, etnia.
No es casual que el enorme espectacular de Jari Jones aparezca en el
marco de las enormes movilizaciones desatadas tras el asesinato de
George Floyd y el regreso del #BlackLivesMatters, esta nueva campaña es
un "reconocimiento" de las demandas de una juventud que se levanta
contra las opresiones, pero también resulta en una cooptación de las
mismas.
No es nuevo que las empresas se apropien de los discursos de
movimientos que cuestionan la estructura heteropatriarcal y racista, son
muchas las empresas que el 28 de junio y el mes del orgullo se llenan
de arcoíris.
Pero no lo hacen para aportar a la lucha contra el sistema
que hace uso de nuestras diferencias de género, orientación sexual, raza
o etnia, por el contrario les sirve como una herramienta para
incrementar el público al que le venden y que los ve con buenos ojos
porque ahora son “progres”.
¿Pero quién puede costearse los productos de
estas marcas y en qué condiciones las producen sus trabajadores?
Explotación velada con un discurso "inclusivo"
El año pasado Calvin Klein obtuvo una ganancia de 9.4 mil millones de
dólares. Desde el 2003 es propiedad de PVH Corporation, que a su vez
es dueña de Tomy Hilfiger y Heritage Brands, en total la corporación
tuvo una ganancia de 21.9 mmd. Aún así el sueldo de sus trabajadores en
México va de 3,500 a 7,000 pesos al mes.
Las condiciones de las obreras y obreros textiles de Calvin Klein son
aún peores. Una de sus más grandes fábricas está en Etiopía, donde
trabajan miles de mujeres y hombres negros que cobran 26 euros al mes,
uno de los salarios más bajos del mundo.
Otra es la empresa textil Elim
que fabrica prendas también para Calvin Klein en Guatemala.
Entonces mientras en la mayor potencia capitalista del mundo, Calvin
Klein presume ser una empresa amiga de los negros y de les trans, en los
países pobres explota a miles de negras y latinas, ya que la industria
textil tiene una alta composición femenina.
El intento de la industria del modelaje de reconocer la diversidad de
cuerpos que existe, resulta en nada para las millones que viven la
explotación.
Si su intención fuera combatir las estructuras de opresión y
dominación no harían uso del mandato patriarcal que en el mundo entero
norma que el trabajo de las mujeres es completamente desechable -y ni
hablar del de las mujeres trans y negras- para seguirse enriqueciendo a
costa de sus vidas.
El movimiento negro, de mujeres y de la comunidad LGTB+ necesita ir
más allá del mero cuestionamiento a la opresión, sin cuestionar que
estas estructuras de dominación se mantienen sobre la base de un sistema
capitalista que hace uso de nuestras diferencias para explotarnos aún
más, los empresarios seguirán apropiándose de nuestros discursos para
desviar las luchas mientras millones de mujeres y hombres dejan sus
vidas en las líneas de producción.
Es necesario que el conjunto de movimientos reivindicativos apunten a
luchar por una sociedad en la que no haya opresión, pero tampoco
explotación.


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