Miles de manifestantes en la marcha por la independencia de Escocia. (Oier Llinás)
Emulando a uno de los líderes independentistas más conocidos, William Wallace, miles de personas marcharon ayer por las calles de la capital escocesa al grito de una sola palabra: libertad. El objetivo de los organizadores de la manifestación era claro: hacer ver al mundo que los escoceses quieren regirse por sus propias leyes, sin tener que depender de Londres. Lo decía convencido uno de los asistentes, Steven: "queremos enseñarles que estamos aquí y que no queremos que nos ignoren".
Su amigo Gordon asentía con la cabeza mientras se ataba una senyera al cuello: "siempre he querido la independencia de Escocia y si miras a tu alrededor verás que esto es un movimiento nacional a gran escala, no un simple capricho". A las doce del mediodía la manifestación comenzaba a andar guiada, como no podía ser de otra forma, por una banda de gaiteros. Los últimos participantes no llegaron a lo jardines de Princess Street, donde se realizó el acto principal, hasta una hora después.
Los gritos de "Libertad" y "Sí", en referencia al sentido del voto en el referéndum del 2014, fueron las únicas proclamas que se escucharon en un recorrido que los asistentes realizaron en un inusitado silencio. Una falsa calma que se convirtió en jovialidad al llegar al recinto preparado al aire libre para el acto central de la marcha. En ese momento, el ambiente festivo se impuso entre los asistentes. Jóvenes y mayores se mezclaron en una manifestación en la que todos tenían cabida. Era el caso de la familia McLoad. "Hemos queridos la independencia durante siglos y está ocurriendo ahora.
Esto significa un futuro mejor para nuestro niños" afirmaban los padres mientras cogían de la mano a sus hijos. "Estamos manifestándonos por nuestros pequeños. Esto no tiene que ver con la historia, sino con el futuro" insistía mientras tanto Donald Mackinnon. Su mujer Leonna iba un paso más allá "hemos tenido un matrimonio de 300 años, ahora pedimos el divorcio a Inglaterra y no hay marcha atrás". Ambos habían venido desde Glasgow para participar en la marcha.
Apoyo internacional
Los escoceses no estuvieron solos durante la manifestación. Junto a ellos desfilaron independentistas de Flandes, Catalunya y Euskadi, entre otros. El rojo, blanco y verde de las ikurriñas eran el contrapunto de color al azul y blanco de las banderas escocesas. Nerea y Joseba, ambos residentes en Edimburgo, tenían muy claro desde hace meses que debían acudir a la marcha: "esto es algo muy importante y queríamos mostrar nuestra solidaridad con el pueblo escocés". Por su parte, la donostiarra Garaine subrayaba que "esta es nuestra forma de decirles que no están solos, que otros pueblos también estamos en el mismo camino".
Desde el comienzo de la marcha los jóvenes ocuparon un lugar importante, tanto en la organización del evento como en la asistencia. Entre ellos, apoyando la independencia de Escocia se encontraban Emilie y Neale, ambos votantes del gobernante Partido Nacional Escocés (SNP, en inglés). "Esta muy claro que los más indicados para manejar Escocia somos los propios escoceses", señalaban. "Además, estamos listos para el cambio", afirmaba Emilie. Mientras, Neale hacía hincapié en la diversidad de la manifestación: "Hay delegaciones internacionales, y distintos partidos políticos que se han sumado a la marcha. También hay grupos sociales de todas las clases. Esto pertenece a todo el mundo, no solo a una determinada formación".
Tras la manifestación vino el acto en el que participaron más de una decena de oradores. Entre ellos, uno de los más aclamados fue el ex diputado laborista en Westminster, Dennis Canavan. En su intervención, el veterano político dejó claro que su conversión al independentismo se debe más a la experiencia que a un sentimiento "durante años he visto como Londres se desentendía de Escocia, cómo Westminster se mantenía ajeno a la realidad de nuestro pueblo. Por eso quiero la independencia, manteniendo una buena relación con nuestros vecinos más cercanos, pero en condiciones de igualdad".
También recibió la ovación de los asistentes Allan Grogan, impulsor de la campaña laborismo por la independencia. Mientras su formación defiende la Unión británica, Grogan abandera una corriente interna que apuesta por la separación de Escocia. "Cuando intentaba sacar el tema de la independencia me decía que votara al SNP, así que decidí buscar a otros como yo. Y los hay. Somos los ignorados del laborismo", aseguraba entre los aplausos de los asistentes. "Si estamos inmersos en una recesión económica, si uno de cada cinco niños en Escocia vive en la pobreza, está claro que la independencia es el camino para pelear por nuestros derechos", señaló Grogan desde el estrado.
Entre los invitados de honor figuró el Primer Ministro escocés, Alex Salmond. El político nacionalista subrayó que "los datos hablan por sí solos: tan sólo el 18% de la población cree que Westminster hace lo mejor para Escocia. Queremos elegir, y queremos que las decisiones las tome quién más se preocupa por Escocia, es decir, nosotros".
Provocación británica
A pesar del ambiente festivo de la celebración hubo también momentos de tensión. Y es que, mientras los manifestantes llegaban al recinto donde tendría lugar el acto principal, vieron que varios unionistas habían colocado una bandera británica como provocación de cara al escenario. Cuando uno de los manifestantes intentó retirar la tela varios de los unionistas comenzaron a propinarle patadas y puñetazos obligando a la policía a intervenir. Finalmente, los agentes se llevaron arrestados a los activistas británicos ante los abucheos de los miles de manifestantes escoceses.


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