Llamar gángster a un gángster es ser un gángster.
De eso habla el editorial de El País de hoy. Destacado:
- Varios diputados correspondieron a su actitud con calificativos insultantes, desde el de pertenecer a una “élite carroñera” al de “gánster”.
- Nunca debe convertirse en espacio ni altavoz de amenazas y matonerías. Llueve sobre mojado.
- También en el Congreso de los Diputados se han oído expresiones de la zafiedad populista.
O sea, que la carencia de calidad democrática no depende de haberse cargado la Constitución varias veces, con un punto culminante en la introducción del artículo 135, dictado por los bancos centrales y las bandas financieras, sino de llamar delincuente al delincuente, enseñarle un zapato a alguien que ha destruido la economía del país en beneficio propio, o declarar los intereses de la usura global impagables, por estafa, con la banca condenada por manipular las hipotecas de los trabajadores y miles de políticos y empresarios imputados o condenados por robo y corrupción.
La calidad democrática es eso: no hablar nunca de lo que hay que hablar, mientras el expolio transcurre infatigable entre paro, pobreza, vergüenza salarial, jornadas de explotación y otros abusos legalizados por la reforma laboral.
Lo que es populismo, vaya.



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