Una Navidad a veinte centímetros del chapapote
Tenía 19 años y pasó las Navidades de 2002 limpiando las costas gallegas tras la catástrofe del Prestige, que se hundió el 13 de noviembre de aquel año llenando de negro el paisaje. A la vuelta, Juan Luis Sánchez escribió para el periódico 'El Grito' de su facultad lo que había vivido aquellos días a veinte centímetros del chapapote. Este es el texto.
"No queremos más voluntarios". Parece ser que no hace falta más gente en las costas de Galicia. Cuanto menos voluntarios vayan, más limpio estará todo: limpia la imagen de los que mandan, limpio el oportunismo de algunos que opositan, limpias las conciencias de quienes tienen ya el corazón más negro que las playas de Muxía.
Todo tiene que quedar en casa. Los que van, vuelven; y los que vuelven, cuentan. Y cuando funciona el boca a boca ya se puede poner pesado quien quiera, que no va a convencer. Y en eso están los más de 200 voluntarios sevillanos que pasaron las Navidades en Galicia. En contar lo que vieron.
El voluntario de a pie no entiende de plataformas, ni de intereses económicos inmiscuidos, ni de tensiones internas, ni de incompetencias. No entiende o no quiere entender, que para malos olores ya está el del fuel. ¿Quién nos da de comer? ¿Por qué en este vaso pone Telefónica? ¿Por qué la cámara de TVE sólo enfoca al Ejército? No preguntes y limpia, que a eso has venido y hay mucho trabajo que hacer. Ah, no… que las playas de Galicia están esplendorosamente limpias. Pues sí que tienen aquí en el Norte un concepto raro de limpieza.
El voluntario, inocente y bienintencionado, hinca las rodillas de nuevo en el espesor duro del chapapote en las rocas y sigue llenando capachos. Sabe que no debería corresponderle a él estar allí, con la cara a veinte centímetros del fuel llenándose los pulmones de alquitrán. Sabe que con sus manos está ayudando a mantener el 'déficit cero'. Sabe que es un títere en la distancia y que los hilos que salen de él se cruzan con miles de ellos más, creando una madeja con la que algunos intentan hacerse un traje. Pero quiere creer en una cosa, al menos en una.
Quiere creer en que aquello que tiene delante y viene del mar no volverá a la playa si lo recoge. Piensa que las gentes humildes y trabajadoras de Galicia no se merecen que uno deje de quitar la mierda que tiene debajo porque también tenga mierda por encima.
El voluntario vive en su mundo. No puede hablar con la mascarilla, casi no ve con las gafas empañadas. Durante algunos minutos, intenta mancharse lo mínimo. Poco después se revuelca entre el fuel para alcanzar las plastas que se almacenan entre las rocas. Malditas rocas. Las 'alfombras' de chapapote sobre la arena son lentas pero relativamente fáciles de quitar. Lo de las rocas no tiene nombre. Ni solución. Barata, al menos.
El voluntario pierde el aliento. Con lo fácil que parece. Llama al 'manos limpias', bebe algo de agua y decide descansar. Levanta la mirada y se da cuenta de que en su afán por limpiar no se había parado ni un segundo a observar su alrededor. Es brutal el contraste entre el verde de lo no invadido y el negro de unos metros más acá.
Es el paso de la 'Galicia calidade' al ‘te prometemos que los mejillones no están contaminados’.
El voluntario hace que le quiten la mascarilla y las gafas y se queda ensimismado. Hasta entonces, detrás de los artilugios de prevención, no había tenido una sensación demasiado diferente a la de estar viendo aquello por televisión, pero ahora, en el cara a cara con la tragedia, el negro del chapapote cobraba un brillo desafiante y las figuras blancas cada vez más teñidas por lo oscuro se hacían al tiempo más ridículas. El voluntario tuvo que volverse bruscamente hacia el mar para asegurarse de que estaba en una playa. ¿Y el graznido de las gaviotas? ¿Y la espuma de las olas? ¿Y la brisa fresca del mar?
Las gaviotas ya tienen bastante con sostenerse en vuelo con el lastre de fuel que llevan en sus plumas. Espuma en las olas claro que hay; ningún diccionario dice que la espuma tenga que ser ni blanca, ni de agua. Pero si uno respira hondo en la Costa da Morte y cierra los ojos, no tendrá la sensación de estar en una playa sino esperando para repostar. Galicia huele a gasolinera. Lléneme el depósito, que tengo que seguir limpiando.
La Audiencia de A Coruña ha absuelto al capitán, al jefe de máquinas del petrolero y a José Luis López-Sors, ex director general de Marina Mercante y único cargo oficial imputado en el hundimiento del petrolero, según la sentencia que se ha dado a conocer esta mañana.
Juan Luis Sánchez es subdirector de El Diario



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