Llevo escuchándote mucho tiempo, atónito, pensando que un sujeto de tus características difícilmente puede ser revalidado en un puesto de tan alta representatividad.
Pero
considerando que esa opción es posible en un país que parece desea
seguir siendo domesticado por la ineptitud, he decidido aportar mi
kilito de arena, por si acaso.
Estaría
bien recordarte que desde el principio ya eres una farsa, porque
intentar hacernos creer que tú puedes luchar en interés del colectivo de
ciudadanos, es como intentar hacer volar a un cerdo, a no ser que por
colectivo de ciudadanos entendamos al círculo de empresarios o a los
indigentes de la troika. No me cabe la menor duda de que estás
imposibilitado, no ya para representarme a mí, sino incluso para hacerlo
con tus propios votantes, que te eligen por inercias más bien próximas a
la ignorancia o a la comodidad (afinidades electivas lo podríamos
llamar).
Escuchándote
un día cualquiera eres capaz de hacer anidar en nuestros oídos huevas
de algún insecto hasta ahora desconocido, que cuando eclosionan molestan
más que esas horribles moscas que quedan olvidadas en los días de
invierno. Pero estos días además, analizando tus discursos sobre el
trabajo realizado, observo que nos insultas y nos tratas como seres
ineptos o cuando menos, lelos.
Es hasta
normal que un político se crea ese papel de guardián de las fronteras y
valedor de todos sus habitantes. Y somos conscientes que hasta puedes
llegar a pensar que sea lógico que un individuo como tú, por obra y
gracia de designios elitistas perniciosos, se suba a la parra y
manifieste sin complejos una superioridad ideológica propia de quien no
sabe hacer la O ni con un Montecristo.
Pero te
voy a explicar solo una cosa, para no alargarme y para que puedas
centrarte y así llegar a entender en qué consiste el milagro de tu
euforia propagandística. Entre otras cosas, porque intuimos que te
cuesta hacer cálculos estadísticos y, mucho más, saber interpretarlos.
El paro es
un “hecho político” que acarrea muchos problemas en todo el colectivo
social que sufre sus consecuencias. El primero, lógicamente, afecta
directamente en un racismo económico severo, que llega a apartar de la
vida pública a un elevado porcentaje de hombres y mujeres que sufren en
silencio su aislamiento. Un segundo problema se extrapola cuando quien
no trabaja siente la refriega de tus palabras como ilusión incendiaria
en una tierra baldía.
Porque eres capaz de jugar con los parados como si
fueran cromos que cambias en el quiosco del eurogrupo. Y por último, la
consabida tragedia que supone no tener dinero ni para ser merecedor de
una jornada de asueto.
El paro no
es una “anécdota social”, sino consecuencia y resultado de unas
determinadas políticas que has sabido administrar con denuedo, después
de haber opositado sin complejos a ser el mayordomo de una serie de
personajes que difícilmente podremos llegar a olvidar.
Y a pesar
de todo te muestras entusiasmado con las cifras que manejáis con
respecto a las tasas de desempleo. En casi todos vuestros análisis hay,
podríamos decir, hasta incisivas dosis de perversión, todo sea por
mostrar en público el rostro amable para no seguir perdiendo adeptos.
Si quieres
equiparar los índices con tus queridos vecinos europeos, estaría bien
que sólo lo hicierais con aquellos que parten o bien de las mismas
condiciones o desde un conjunto de parámetros similares. Para que me
entiendas. ¿Te imaginas que este año, por ejemplo, Noruega fuera el país
europeo con mayor porcentaje en crecimiento de empleo? Sería tremendo
claro. Si un país con una tasa de paro del 4% consiguiera eso,
significaría que el resto estaría a punto de despeñarse.
Lógicamente,
los países que han de liderar las tasas de crecimiento son aquellos que
están tan mal, que peor no lo podrían hacer.
Y ese es el caso de tu
querido país, ese por el que tanto estás luchando y por el que sería
mejor que dejaras de lidiar.
Con una
tasa de paro que ronda el 22% deberías estar batiendo records hasta en
triple salto. “Somos el país de Europa que más empleo crea”. ¿Sabes? Es
lo mismo que apuntarte el tanto porque España tiene más horas de sol que
el Polo Norte.
Has
apostado por la creación de empleo precario, tendiendo al ridículo. El
paro juvenil en la franja que va de los 20 a los 29 años está en el
mismo porcentaje que cuando tomaste las riendas de la presidencia. El
número de afiliados a la Seguridad Social es similar al que había el año
2011. Uno de cada cuatro empleos dura una semana. Y todo tu gabinete
político y los medios que mienten más que escriben llevan semanas
haciéndonos creer que el empleo crece a ritmo de samba y que la crisis
es pasado.
Y todo,
¿por qué?. Porque hay que ganar las elecciones de nuevo. No importa el
espectacular aumento de los índices de pobreza, y tampoco claro está la
brecha cada vez más amplia entre los que más tienen y aquellos a los que
nos les llega ni para calentar el hogar. La angustia y la precariedad
sí campan a sus anchas, pero tú prefieres callar y pasar página.
El milagro de tu cada vez más contenida euforia se llama retroalimentación
del discurso de clases, o lo que puede llegar a ser el rodillo del
poder. Y lo recordaré porque hay que hacerlo, y exponer ante el público
(tal y como se puede leer en el enlace), aquello que tuviste a bien
escribir el año 1983 en el “Faro de Vigo”, manifestando que la
imposición de la igualdad era radicalmente contraria a la esencia misma
del hombre.
Y es así
como la gente como tú nos destierra, sin que importe el sufrimiento de
los demás y sin hacer ascos al acopio perpetuo del oro y del orgullo del
ciudadano sin par. Así, eternizando las diferencias y sembrando cada mañana los brotes que darán lugar a la desigualdad.
(es
terrible poder llegar a pensar que alguien, en su sano juicio y después
de ver el debate del lunes, sea capaz de tomar la decisión de votarte)
http://iniciativadebate.org/2015/12/16/carta-al-honrado-senor-presidente-don-mariano-rajoy-brey/
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