El rey Felipe VI, durante uno de sus discursos de Nochebuena. CASA REAL
Javier Durán le propone al rey este discurso, escrito con las palabras exactas que ha utilizado el rey emérito en sus intervenciones más emblemáticas.
Su Majestad, le supongo un hombre ocupado, y más en estos momentos de gira de promoción por toda España.
Como imagino que no habrá tenido tiempo para escribir su discurso de abdicación como Rey de España, me he tomado la molestia de hacerlo por Su Alteza, tómelo como un último servicio de un siervo a su monarca.
Lo he escrito con las palabras exactas que ha utilizado su propio padre, el rey emérito, en sus discursos más emblemáticos.
Creo que es de justicia; si con Juan Carlos I empezó todo, también todo debe acabar con él.
El círculo de la vida, “Corinna Matata”.
DISCURSO DE ABDICACIÓN DE FELIPE VI
Al
dirigirme a todos los españoles con brevedad y concisión, en las
circunstancias extraordinarias que en estos momentos estamos viviendo,
pido a todos la mayor serenidad y confianza.
Me acerco a todos vosotros esta mañana a través de este mensaje para transmitiros, con singular emoción, una importante decisión y las razones que me mueven a tomarla.
Con
respeto y gratitud, quiero recordar la figura de quien durante tantos
años asumió la pesada responsabilidad de conducir la gobernación del
Estado.
Su recuerdo constituirá para mí una exigencia de
comportamiento y de lealtad para con las funciones que asumo al servicio
de la Patria.
España nunca podrá olvidar a quien, como soldado y estadista, ha consagrado toda la existencia a su servicio.
El Generalísimo Franco, que me precedió en la Jefatura del Estado.
[Igual puede eliminar este último párrafo de su padre loando al dictador, igual es muy políticamente incorrecto]
Estos
difíciles años nos han permitido hacer un balance autocrítico de
nuestros errores y de nuestras limitaciones como sociedad. Es una crisis
que está llamada seguramente a modificar hábitos y comportamientos
económicos y sociales.
Junto a la crisis económica, me preocupa
también enormemente la desconfianza que parece estar extendiéndose en
algunos sectores de la opinión pública respecto a la credibilidad y prestigio de algunas de nuestras instituciones.
Cuando se producen conductas irregulares, que no se ajustan a la legalidad o a la ética, es natural que la sociedad reaccione.
Todo
ello ha despertado en nosotros un impulso de renovación, de superación,
de corregir errores y abrir camino a un futuro decididamente mejor.
La capacidad y el vigor de las instituciones y la libertad de expresión aseguran siempre que la corrupción no pueda prevalecer en un régimen democrático.
Afortunadamente,
vivimos en un Estado de derecho, y cualquier actuación censurable
deberá ser juzgada y sancionada con arreglo a la ley.
La Justicia es igual para todos. La Ley es igual para todos.
Pero existen unos deberes inexcusables de ejemplaridad para quienes tienen responsabilidades públicas,
estas explican que determinados comportamientos de corrupción hayan
levantado sentimientos de justa inquietud e indignación porque, con el
mal ejemplo que suponen, erosionan la convivencia y relativizan el valor
moral de la democracia.
Necesitamos rigor, seriedad y ejemplaridad en todos los sentidos.
TODOS,
sobre todo las personas con responsabilidades públicas, tenemos el
deber de observar un comportamiento adecuado, un comportamiento
ejemplar.
Debemos seguir corrigiendo con firmeza los abusos que se han cometido.
El Rey es el primer español obligado a cumplir con su deber y con estos propósitos.
Lo siento mucho, me he equivocado, no volverá a ocurrir.
Por todo ello, guiado por el convencimiento de prestar el mejor servicio a los españoles… he decidido poner fin a mi reinado y abdicar la Corona de España.
Yo
sé bien que los españoles comprenden mis sentimientos en estos
momentos. Pero el cumplimiento del deber está por encima de cualquier
otra circunstancia. Esta norma me la enseñó mi padre desde niño, y ha
sido una constante de mi familia.
Hoy comienza una nueva etapa de la Historia de España.
Es
preciso fomentar el ejercicio de grandes valores y virtudes como la
voluntad de superación, el rigor, el sacrificio y la honradez. No caben
actitudes individuales ni colectivas de indiferencia ni de egoísmo. Nada
que valga la pena se consigue sin renuncias y sin entrega.
Una
sociedad libre y moderna requiere la participación de todos en los foros
de decisión, en los medios de información, en los diversos niveles
educativos y en el control de la riqueza nacional.
Confío en que
todos sabremos cumplir la misión en la que estamos comprometidos. Si
todos permanecemos unidos, habremos ganado el futuro.
España lo merece y lo necesita.
¡VIVA ESPAÑA!
Javier Durán le propone al rey este discurso, escrito con las palabras exactas que ha utilizado el rey


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