Principios del siglo XX
Hosteleros y comerciantes temen por el futuro de la planta de Fagor, a la vez que muestran su apoyo a los trabajadores
El futuro de los trabajadores de Edesa está en boca de los
vecinos de Basauri. La localidad no ha llegado a alcanzar el alto poder
adquisitivo del que gozaban los habitantes de Aramaio, la 'pequeña
Suiza', ni tampoco del Valle de Deba, pero sí fue un «referente» de la
industrialización vizcaína. La mayoría han sido factorías que han estado
blindadas a extraños. Era cuestión indispensable para poder convertirse
en empleado ser descendiente de los trabajadores, que hace medio siglo
levantaron las fábricas con su esfuerzo. Una recompensa que ahora
muestra su peor cara.
Es por ello que, el cierre de Edesa -si finalmente entra en
concurso de acreedores- supone un «mazazo» para toda la localidad. Los
socios-cooperativistas, que ahora dan el callo son «hijos y hermanos» de
antiguos trabajadores. Y en un porcentaje elevadísimo, vecinos de
Basauri.
Una realidad que no se le escapa a los residentes en la
localidad. No hay conversación en tiendas y bares en la que no se hable
de la delicada situación que acarrearía una futura liquidación.
«Esta calle -por la Avenida Cervantes- la llamamos la
carretera de la muerte. En los últimos años han cerrado decenas de
empresas», explica Pedro, de la cafetería Davaro. Se trata de uno de los
pocos establecimientos hosteleros que sobrevive en una zona en la que a
golpe de vista se pueden advertir decenas de locales cerrados a cal y
canto, entre ellos el edificio de la antigua Thais, una de las primeras
empresas que cayó. De sus ventanas cuelgan carteles de todos los colores
en los que se puede leer 'se vende' o 'se alquila'.
Los comercios hosteleros son conscientes de que la fuerte
crisis que soporta la localidad -con porcentajes de paro superiores al
20%- está haciendo «estragos». Pero, también en el resto de
establecimientos.
Los propietarios de la carnicería La Ría aseguran que
«no es como antes».
«Que una empresa cierre repercute en todos, la gente
cada vez compra menos».
De la misma opinión son en Cocinas Basauri, en el barrio de
Urbi.
«Si cierra Edesa tendremos que echar la persiana.
Basauri se
convertirá en una ciudad desierta», comentó su propietario.
Apoyo
A pesar de la difícil situación que soporta desde hace un
par de temporadas el comercio local, las empresas de la localidad se han
volcado con los trabajadores de Edesa. Les llevan comida y bebida como
muestra de apoyo.
«Nos trae pasteles Urrestarazu; el otro día un
proveedor nos trajo comida, y hoy nos ha dado refrescos la asociación
que organiza las fiestas en la localidad, Herriko Taldeak», comentan los
trabajadores encerrados.
Los trabajadores no pierden la esperanza y en medio de la
incertidumbre que viven, y para demostrar que están unidos, este
mediodía celebrarán en el muelle de carga de la fábrica -lugar donde se
desarrolla el encierro- una paella para socios, jubilados y familiares.
También se unirán a la cadena humana que llevarán a cabo sus compañeros
de Mondragón.



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